El Gobierno asume que tendrá que hacer recortes por el repunte récord del déficit

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El Gobierno se empeña en diferenciar la crisis del coronavirus de la financiera de 2008-2012. Confía en la compra masiva de la deuda por parte del Banco Central Europeo después de la doctrina Draghi, pero el equipo de Pedro Sánchez sabe que esto no será suficiente para salir de la tormenta y que hará falta más dinero europeo. El déficit se disparará por gastos como el sanitario y los ERTEs, y eso conllevará un análisis pormenorizado de la ayuda europea por parte de los países acreedores del norte.

Es decir, que si de rescate quizás no se hable (al menos no en los términos de la crisis financiera de 2008), la Comisión Europea, liderada por Ursula Von der Leyen, no renunciará a fiscalizar el trabajo del Ejecutivo. Y en pedir ajustes en las cuentas. Lo que derivará, según las primeras estimaciones, en recortes en la administración pública y caída de las inversiones del Estado en infraestructuras. Todo ello acompañado con un aumento de los impuestos

De momento el mercado de los bonos del Estado procede bien. Pero todos saben que la deuda se disparará en el corto plazo. Con el grifo abierto del gasto público en la sanidad y sobre todo en los ERTEs, el Estado se encontrará a partir de 2021 a tener que hacer frente a una balanza interna muy preocupante. Por ello, Sánchez está empeñado en mutualizar esa deuda con otros países de la UE. Y en pedir el respaldo del Partido Popular, que se lo dará pero a cambio de que todo se vote en el Congreso. «Con luz y taquígrafos», aseguran los de Pablo Casado

Esta semana será clave para saber si el Eurogrupo acuerda las condiciones de las ayudas del MEDE. Aunque todo apunta a que el gasto sanitario no implicará intereses financieros. El dinero restante que llegará para la reconstrucción estará vigilado por los países acreedores. “Y es normal, porque son los esfuerzos de los ahorradores de esos países”, tienen que reconocer incluso en área socialista.

En el Ejecutivo y en varios foros económicos de prestigio barajan el aumento del déficit este año hasta un 10%. Se trata de una cifra que preocupa, porque si se acompaña con un repunte descontrolado de la prima de riesgo en los bonos del tesoro puede determinar una suspensión de pago, es decir, el default.

Esta última opción no está de momento sobre la mesa del Gobierno. Sánchez considera, al igual que los economistas y centros financieros más relevantes, que el BCE intervendrá. Pero también sabe que la entidad dirigida por Christine Lagarde no podrá cubrir toda la emisión de deuda. Así que la mirada está puesta en la Comisión, y en los tiempos de su intervención.

Fuentes del Ejecutivo señalan a los países del norte de Europa como los más reticentes en permitir que la UE actúe cuanto antes. En el cuartel general de Moncloa se mira más a Holanda que a Alemania. Así resume la problemática una fuente gubernamental: “Con un 10% de déficit el problema es que la deuda se dispara y puedes tener problemas a colocar los bonos. La BCE intervendrá y también lo hará la Comisión, pero obligará a hacer recortes”.

Incluso las apelaciones de Iglesias para evitar las recetas de austeridad durante la etapa de Zapatero caerán en saco roto, según estas previsiones.

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